¿Alguna vez pasó esta idea por nuestros pensamientos?
Levantarnos por la mañana, salir hacia el colegio, facultad, trabajo… Estar todo el día sin hablar con un amigo, sin enviarnos mensajes, ni conectarnos en Facebook o Instagram… sin organizar una salida… ¡Estamos analizando el caso hipotético de no tener ninguno!

¿Qué haríamos si quisiéramos compartir lo vivido con alguien más que con nuestros familiares? Alegrías, tristezas, desilusiones, miedos… ¡Nos encontraríamos solos! No sabríamos en qué dirección ir, porque necesitamos de sus oídos, de sus consejos, de su presencia y, de igual manera, ellos de nosotros.

Cuántas veces acudimos a un amigo para compartir momentos de felicidad o de tristeza porque sabemos que ellos estarán ahí incondicionalmente, esperándonos con el mejor ánimo, haciendo todo lo posible para que estemos bien.

Sabemos que en algunos casos se pueden llegar a vivir momentos de tensión con ellos, hasta peleas, lo cual causa mucho dolor a nuestros corazones, pero nuestro ser busca la reconciliación, aunque el orgullo quiera tomar lugar, pero la amistad debe triunfar.

No olvidemos lo importante que son las virtudes que están implícitas dentro de esta palabra tan linda que es “amistad”: lealtad, confianza, compromiso, compasión, compañerismo, honestidad, solidaridad, integridad y, sobre todo, la que las reúne a todas: ¡amor!

Cada uno de nosotros es diferente, eso no debe impedirnos ser amigos, ¡al contrario! Eso hará que podamos ayudarnos mutuamente, en lo que uno es débil, el otro es fuerte. Y así nos vamos sosteniendo unos a los otros, en unidad.

No hay una persona igual a otra. ¡Vos sos un modelo exclusivo! Fuiste hecho único, no hay otro como vos. Y así como sos, sos amado. Buscá ser auténtico, dando lo mejor día a día, en un mundo donde los valores antes enunciados se están perdiendo, se necesitan personas como vos. ¡Adelante!

 

daniela.espinillo@sdrlive.com.ar

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