Creo que es simple, uno bien sabe con quién anda. El problema está, muchas veces,  en reconocerlo y saber distanciarse cuando esa “amistad” no lleva por un buen rumbo.

¿Qué tiene un buen amigo que lo hace diferente al resto?

Para mí un amigo es ese que está SIEMPRE, que me banca en las malas y que, pase lo que pase, levanto el tubo y está para ayudarme. Pero también es quien en muchas situaciones me dice: “Vamos por acá…” y me lleva a tomar decisiones muy importantes.

La compañía y la buena influencia son dos cuestiones claves que definen una buena amistad.

“Las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1º Corintios 15:33)

Esas buenas costumbres, esos buenos principios y valores que nos enfocan son los medios para alcanzar los objetivos de vida que cada uno se propone.

Difícil es aguantar la presión de las malas amistades cuando en la mayoría de los casos uno termina cediendo poco a poco, sin ser capaz de identificar lo que nos perjudica de lo que realmente es bueno para nosotros.

Quizás estemos en esa etapa de nuevas amistades o tengamos algunas que ya se desvirtuaron bastante. Hagamos una pausa y pensemos a dónde estamos yendo y comparémoslo con a dónde queremos llegar. Si vemos que hay situaciones que no dan para más y ponen en riesgo nuestro futuro y objetivos, tengamos la valentía y determinación para dejar las cosas claras y tomar la mejor decisión, porque al fin, es nuestra vida, nuestro futuro y sin duda Dios tiene separado lo mejor, sólo lo tenemos que elegir.

 

guido.orsatti@sdrlive.com.ar

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