Empieza esa cansadora carrera en la que las personas se alinean y aglomeran en las librerías y tiendas de uniformes escolares. Ese tedioso final de Febrero en el que lo pasamos muy mal por dejar todo para último momento.

Hace un tiempo me puse a pensar en eso: siempre que sabemos la fecha límite para algo, calculamos cuánto tiempo podemos esperar antes de empezar ese algo. ¡Somos hijos del rigor!

Mi abuela solía decirme que siempre resolviera todo lo antes posible porque no podía calcular los imprevistos que no me permitieran llegar a mi meta, en este caso, comprarle útiles a mi hija sin morir en el intento.

Por un momento todo se hizo más evidente, todo lo que dejaba para último momento se volvía imposible de lograr. Empecé a disfrutar del tiempo sin presiones que da la tarea resuelta antes de tiempo, la libertad que da saber que no contás con una presión que limite tu momento de gozo.

Amigo mío, hay un tiempo que es un misterio. Ni vos ni yo lo sabemos y la única pista que tenemos es que es pronto. Mi experiencia me demostró que en las cosas más triviales hay complicaciones cuando se dejan para el último segundo. Más aún debemos preocuparnos por nuestra vida con Dios.

Que antes de que pase la noche, puedas tener un momento de intimidad con Él.

 

Dante Gomez Basualdo
dante.gomez@sdrlive.com.ar

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