-“¡Qué lindo es empezar un nuevo mes!”, decía cada vez que veía el sueldo depositado en su cuenta bancaria, pues casi no tenía que trabajar, en la empresa lo hacían todo y como era el dueño podía comprar lo que quisiera. Cada año que pasaba renovaba todo, auto, ropero, teléfono celular y hasta hacía su anhelado viaje exótico.

Parecía que todo marchaba sobre ruedas, no existía nada material que él no pudiera poseer… – “¿Qué más puedo pedir? ¡Tengo todo lo que quiero!” repetía para sí mismo.

Pero en verdad él sabía que no era así, en su interior coexistía un vacío que no lo dejaba estar tranquilo, percibía que algo ocurría y por mucho que lo pensara no descubría de qué se trataba.
Habían pasado ya varios días. Iba en su limusina camino a la empresa, atormentado por sus pensamientos. Se había convencido de que el “vacío” en su interior correspondía a la  incertidumbre de “¿qué iba a pasar con él y sus bienes cuando falleciera? ¿Acaso existía una manera de comprar su vida después de la muerte?” Pues si era así, él estaba dispuesto a darlo todo por obtenerla.

Entonces recordó sus charlas con un amigo muy cercano que creía en Dios, éste solía decirle: -“¿Realmente creés que tu dinero te puede salvar de todo, incluso de la misma muerte? Recordá que no todo se puede pagar con billetes. Tu vida vale mucho más que eso”.

En ese momento, sus ojos se llenaron de lágrimas (había entendido lo que este hombre estaba tratando de decirle), su ambición lo llevó a pensar que tenía todo bajo control; ahora sabía que no era así y que no importaba cuantas riquezas pudiera tener en el mundo, al final él se iría y se perdería en una eternidad solo y sin nada.

”¿Acaso eso es todo? ¡Estoy perdido!” empezó a gritar con su mirada hacia el cielo, reclamando al mismo Dios en el cual había dejado de creer hacía mucho tiempo.

Inmediatamente una voz totalmente audible, susurró a su oído diciéndole:
“YO SOY el Hijo de Dios, tus ambiciones y tu pecado te estaban llevando a una oscura y triste eternidad, te cegaste, hasta llegaste a preguntarte si con un par de billetes podías comprar tu vida después de la muerte… Me dolió ver cómo te perdías, tuve que intervenir. Callé a cada burla, azote, clavo y lanza que recibí. Morí en una cruz e hice míos tus pecados para que fueras salvo, mi muerte te dio la vida eterna. Yo ya pagué el precio más alto por vos, di mi vida a cambio de la tuya porque te amé y te amo. No hay nada más que dar, sólo creé en mí, seguime hasta el final de tus días y vas a tener vida eterna a mi lado.”

Juampy Galán y Belén Noble

juampy.galan@sdrlive.com.ar

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